viernes, 29 de septiembre de 2017

Día 3. Jacaranda de septiembre

Día 3. Jacaranda



Esta tarde vi llover, toda la tarde desde mi ventana vi el agua caer sobre Bellas Artes, vi las lágrimas del cielo empañando los vidrios y mojando a los transeúntes. Las jacarandas de la entrada del metro estaban muy mojadas y se les percibía tristes. Yo creo que andaban espantadas por el temblor, no imagino la ansiedad de estar aferrado al suelo cuando uno quiere correr de miedo. La raíz, el rizoma y esa tremenda desesperación  y deseo por ser hoja suelta para volar lejos del infortunio. Miro la jacaranda, con algunas flores de color lila en pleno septiembre, su destino decía que sólo debía florear en marzo, quizá en abril pero aquí está la muy rebelde floreando cuándo se le da la gana, floreando en septiembre. Durante muchos años yo sólo floreaba en marzo y abril, después la lluvia de julio me volvía chiquita como las flores lilas pachichas de la jacaranda cuando caen al suelo y son pisadas por los transeúntes y lo anodino de su cotidiano. Mucho tiempo anduve sin ganas de adornar la ciudad con mis colores. Hoy en septiembre también me han dado ganas de florear y de escapar de mi destino de estar aferrada al piso de la ciudad lacustre, la ciudad del caos. Este septiembre quiero que la jaula se vuelva pájaro y se vuele tal como lo hubiera querido Alejandra Pizarnik, este septiembre tengo voluntad de jacaranda que quiere escapar de su rizoma y fugarse a otro barrio, a otra alameda, a otro suelo.  Este septiembre quiero escaparme de las ataduras del amor, de las expectativas que cargo en los hombros, de Plutarco y sus formas, de su amor a medias y su miedo a las despedidas. De la mujer que imagino para mí, quiero ser jacaranda floreada pero lejos de la esquina de Bellas Artes dónde tantas veces nos besamos.


lunes, 25 de septiembre de 2017

19 septiembre 2017.


Si usted no subió selfies donando o apoyando no se sienta mal, usted sabe cuánto, cómo y a dónde donó. 

Si usted subió selfies en centros de acopio, tampoco se sienta mal pues en ese momento le nació tomarse una foto junto a los suyos siendo equipo, siendo comunidad. ¡Levantando un país! 

Ni el llamado protagonismo, ni el anonimato quita valor o veracidad a sus actos. 

Si usted se quedo en su casa a llorar en su cama no se preocupe, usted tenía que desahogarse de esta tensión que produce vivir en la ciudad más lacustre e inestable.

Si usted aún tiene ganas de apoyar pero no sabe cómo le informó que usted está acompañado porque yo me siento igual.

Si a usted lo carcome la ansiedad cada que se sube al metro, respire profundamente después exhale. No sirve de nada, pero uno se hace a la idea de que si. Sino funciona llore, que no le de pena, en estos días habemos muchos con voluntad de llanto.

Si usted no quiere subir al edificio alto donde trabaja, no lo haga. Si lo hace piense estrategias eficaces para que la alerta sísmica lo agarre más cuerdo ¡Ay esa alerta sísmica que no queremos escuchar! ¡Ay esa alerta sísmica que queremos escuchar porque sabemos que el epicentro viene de más lejos y aún nos da unos segundos de misericordia para escapar! 

Si usted no puede dormir inténtelo, vuélvalo a intentar. Si usted sueña feo platique de sus sueños porque luego se vuelven miedos y el miedo no es un buen amigo. Ayer soñé que mi casa se caía, quizá usted soñó lo mismo o quizá su casa si se cayo, pero usted no está solo. 

Si usted se siente derrumbado como la ciudad  recuerde que comparte ese sentimiento con todos los que lo rodean y que juntos nos vamos a levantar.

Porque ya lo hemos hecho.
Porque lo seguiremos haciendo.
Porque no estamos solos.
Porque este septiembre como hace 32 septiembres sabemos hacer patria. 
Porque yo ya no me siento sola cuando salgo a la calle, porque sé que usted haría lo imposible por rescatarme del infortunio que da vivir en la ciudad lacustre, en la ciudad de los temblores.

No está sólo yo estoy con usted. 


                                                     Alejandra Atzín

jueves, 3 de agosto de 2017

Mariano

Día 2 de la novela que quizá nunca escribiré:

Mariano

Mariano tenía razón cuando me dijo que tú serías mi ruina. De cuando en cuando pienso en Mariano y en las veces que te engañe con él, ahora en esta hora de incertidumbres me aferro a las tardes que pase con Mariano sin pensar en lo absoluto en ti. Hay y habrá días en los que el remordimiento me consuma y achaque nuestro fracaso a mis infidelidades y burlas, en aquellas tardes que tú me buscabas desesperadamente por la ciudad y yo estaba escondida en los labios y en los recovecos de Mariano. Quizá esos días sean los más pero hoy son los menos en que me arrepiento de no botarte, de no salir huyendo tras la poesía y alcohol de Mariano. Lo único que me queda de Mariano eres tú y tu odio por haberme visto más entusiasmada con él que contigo, eso y la esperanza de algún día recuperar la única fotografía que tuve de Mariano que se perdió en lo efímero de los aparatos digitales. ¿Realmente quise a Mariano o simplemente era un pasaporte de salida de una vida a tu lado? No lo sé y quizá nunca lo sepa pero hoy mientras intento olvidarte pienso en él y en esa canción cubana que me hace recordarle tanto.

La verdad Plutarco, soy ególatra y pensar en Mariano me hace pensar en mí y lo libre que yo era antes de ti. Fuiste muy astuto y sin ataduras me ataste a ti, las cuerdas atan y yo que era una loca necesitaba cordura, de la cordura santísima que me brindaste. De la estabilidad que me das aún a sabiendas que te irás, porque es lunes y es probable que sea el último lunes que pasemos juntos antes de que tomes ese vuelo al otro lado del mundo. Exclamo Lenonor mientras se abrochaba el sostén. Plutarco dormía.

domingo, 30 de julio de 2017

En la memoria.



En la memoria
hay rastros de serpientes
jeroglíficos trazados en jardines
palabras secretas en la arena
guedejas de caminos que se encuentran
el porvenir escrito en signos
y en el centro del laberinto, tu nombre.

En la memoria
hay ventanas abiertas al perfil de la luna
paisajes minerales
ramas de pájaros
estrellas pegadas a los vidrios
ardientes soles
cayendo en la boca del infierno
oscuros visitantes
embozados en azufrosas capas
el círculo de una falda roja
y tus diez dedos inventando la tarde.

En la memoria
hay rejas y un brazo de mar
azul y solitario
abriéndolas, cerrándolas
en un ir y venir de espumas.

Un río que corre
árboles adentro de una biblioteca
unas palabras que navegan
sobre las mesas de un café
un puente abierto a los amantes
y un caracol acumulando cantos en la playa.

En la memoria
avanzas alta marea de llamas


Elena Garro


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miércoles, 12 de julio de 2017

Algún dia escribiré una novela...


Escribo todos los días de mi vida, en hojas sueltas, en servilletas, en las notas de mi celular. Incluso cuando voy caminando o sentada en el camión escribo en mi mente la historia de personajes, mis personajes son desdichados porque se han perdido en el olvido de mis hojas sueltas, rotas, mojadas. Siempre he soñado con escribir una novela pero me falta disciplina y  herramientas metodológicas para lograrlo, pero mis personajes me exigen y reclaman justicia, voz, existencia. 

Hace unos días descubrí que yo misma no entendía la naturaleza de mis personajes quizá porque algunos son el alter ego de situaciones que a mí misma me suceden y que para mí desdicha tampoco entiendo. Me propuse como me he propuesto muchas otras cosas, algún día escribir una novela pero para lograrlo debo entender a mis personajes, su historia, sus frutas preferidas, la ciudad dónde dejaron sus nostalgias, sus fantasías, miedos, sus poemas preferidos, esas cosas que hacen a uno ser lo que es.  

A partir de hoy y no con mucha disciplina (como muchas cosas de mi vida) escribiré la historia de Leonor, de Plutarco, de Natalia, y de otros personajes que habitan mis libretas: Hoy quiero comenzar este ejercicio y transcribir un fragmento de la vida de Plutarco y Leonor que encontré en mi libreta de "corazones tiranos" la libreta que me regalo mi prima. 



Día 1. Hoja de otoño.

Uno nunca sabe cómo, cuándo ni la hora exacta en que se fuga de sí. Yo no podría precisar la hora en que cedí mis ganas, mi voluntad a un comisario y me fugue de mi voluntad de Adelita. Sé que Juan me lo advirtió, sé que yo misma me lo advertí. 

Plutarco me tomó por la cintura, acerco su cuerpo al mío en algo que podría parecer un abrazo, yo fui dócil y entregue mis músculos a ese breve encuentro. Una parte de mi sabía que Plutarco era una calamidad en mi vida y que ese abrazo era una trampa contra el olvido. 

Plutarco me lanzó muchas veces al olvido, uso corrector para cubrir mis besos y con una goma sin aroma frutal me borro tan fuerte que rompió la hoja de nuestros momentos juntos. Yo no sabía porque había accedido a ir a ese encuentro, ni porque mis emociones colapsaron al verle, él no dijo nada simplemente me miro con una mirada de aprobación y yo me sentí trémula como hoja que tirita en la punta de un árbol alto. La mirada de aprobación de aquel hombre me ponía completamente en tela de juicio << ¿Sería adecuado el color de mi cabello?>> << ¿Le molestaría mi reiterada impuntualidad?>> << ¿Su mamá sabría que estábamos juntos?>> Plutarco me tomó por la cintura y con una voz firme susurro en mi oído "ya quería verte" entonces todas las dudas de mi cabello, puntualidad y su madre desaparecieron inmediatamente. 

Caminamos por el centro histórico y comenzamos a hablar sobre arquitectura y colillas de cigarro, la plática era tan fluida que cualquier testigo hubiera negado que ese hombre y yo no nos veíamos desde hace meses y que nos separaban varios océanos, guerras y una ruptura, dos rupturas, tres rupturas, infinitas rupturas. En ese momento no importaba la franja de gaza que un día nos separó, ni los gritos del manicomio, porque el organillero tocaba el vals de Alejandra de Enrique Mora Andrade.

En la esquina de Paseo de la Reforma nos encontramos con una manifestación, Plutarco me miro y con su característica calidad moral recriminó la manera en que las feministas poseídas por la falta de cordura rayaban el anti-monumento de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, justificaba la causa pero recriminaba las formas. De nuevo volví a sentirme trémula ante sus palabras, Plutarco me miro y con un tono de voz suave y firme dijo "Lo bueno es que ya no estás con ellas rayando la ciudad." Caí trémula peor que una hoja que cae antes del otoño.



miércoles, 5 de julio de 2017

Debo renunciar.

Debo dejar de jugar a la poesía y hacer lo que los otros hacen, hacerme de un carrito, ir a una oficina,
debo dejar de jugar a la poesía incluso ahora que quiero enlistar las metas que no he cumplido.

Debo buscar un departamento, cumplir con los deberes, estudiar en el extranjero, debo dejar de jugar a la poesía, buscar un marido, hacerme de hijos, así quizá mis amigas las que ya tuvieron hijos me invitarian a sus fiestas, debo dejar de jugar a la poesía y escribir cosas con sustento cuantitativo, debo dejar de jugar a la poesía y hacer enlaces covalentes.


Debo dejar de jugar a la poesía y buscar a un hombre que me quiera, debo dejar de jugar a la poesía y rizar mi cabello, mis pestañas.

Debo dejar de jugar a la poesía incluso cuando intentó renunciar a ella. Debo renunciar.

domingo, 9 de abril de 2017

Lección de dibujo 

Mi hijo coloca frente a mí su caja de pintura 

y me pide que le dibuje un pájaro.

Sumerjo el pincel en color gris 

y dibujo un cuadrado con cerraduras y barrotes.

El asombro llena sus ojos: 

"...Pero ésta es una prisión, padre, 

¿no sabes cómo dibujar un pájaro?" 

Y yo le digo: "Hijo, perdóname. 

He olvidado la forma de los pájaros". 


Mi hijo coloca frente a mí su cuaderno de dibujo 

y me pide que le dibuje una espiga de trigo.

Sostengo la pluma 

y dibujo una pistola. 

Mi hijo se burla de mi ignorancia 

y exclama: 

"¿Acaso no conoces, padre, la diferencia entre 

una espiga de trigo y una pistola?" 

Yo le digo: "Hijo, 

solía conocer las formas de las espigas de trigo, 

la forma de la hogaza, 

la forma de la rosa, 

pero en estos duros tiempos 

los árboles del bosque se han unido 

a la milicia 

y la rosa padece obtusas fatigas 

en este tiempo de espigas armadas, 

de pájaros armados, 

de cultura armada 

y religión armada, 

no puedes comprar una hogaza de pan

sin encontrar una pistola dentro, 

no puedes coger una rosa en el campo

sin que te clave sus espinas en el rostro, 

no puedes comprar un libro 

que no explote en tus manos". 


Mi hijo se sienta al borde de mi cama 

y me pide que le recite un poema, 

una lágrima cae de mis ojos a la almohada. 

Mi hijo la prueba, asombrado, diciendo: 

"¡Pero ésta es una lágrima, padre, no un poema!" 

Y yo le digo: 

"Cuando crezcas, hijo mío, 

y leas el diván de poesía árabe, 

descubrirás que la palabra y la lágrima son hermanas 

y el poema árabe 

no es más que una lágrima llorada por los dedos que escriben". 


Mi hijo pone sus plumas, su caja de crayones frente a mí 

y me pide que le dibuje una patria. 

El pincel tiembla en mi mano 

y me sumo en llanto.


‎نزار قباني




viernes, 30 de diciembre de 2016

Enero

El primero de enero, tararí,
será tan gris como un jueves cualquiera,
sin Drácula escalando el Pirulí,
ni marcianos cruzando la frontera.

Más de lo mismo bajo el cielo añil,
Cronos en su fugaz trono vacío,
la anoréxica luna giligil
no exportará vacunas contra el frío.

Llenare otro galpón municipal
y esperaré el diluvio universal
viendo crecer el bosque por la acera.

El primero de enero (del dos mil),
aunque siga muriéndome por ti,
me iré con la primera que me quiera.

Joaquín Sabina



viernes, 2 de diciembre de 2016

Aún una firme promesa

La promesa, siempre la firme promesa de no volver a tomar. Y así... Hasta el fin de las botellas, hasta el fin de los bares, hasta el fin de la ropa, hasta el fin de los pesares, hasta el fin de las palabras, hasta el fin de los quereres, hasta el fin de las quimeras...
La promesa, siempre la firme promesa de no volverme a enamorar. Y así hasta el fin de los besos, y así, hasta el fin de las canciones, de los conciertos, y así hasta el fin de las des-horas, de las ilusiones, de las imprecisiones, de los sabores, de las mordidas de labio, hasta el fin de las noches empiernadas. De la lluvia.
La promesa siempre la firme promesa de no hablar tanto, así hasta el fin de los verbos, de los enunciados, de las muletillas, de los refranes, de las metáforas. Hasta el fin de las platicas nocturnas. Hasta el final de los reclamos a distancia, de las oraciones largas en las que busco sinónimos para decir: te quiero.

La promesa siempre la firme promesa de no volver a buscarte, así hasta el fin de los mensajes, de las cartas en las que te escribo cuentos, de los cuentos que son pretextos para recrearte, hasta el fin de la calle donde vives, hasta el final de las onomatopeyas que invento para decir sin palabras claras lo mucho que te quiero.
La promesa, firme promesa de mañana sonreír, ir al gimnasio, comer sano, dormir temprano, leer el libro grande del librero, ser fiel, no decir groserías, ser puntual, no mal gastar dinero, arreglar mi clóset, aprender química...

Siempre una firme promesa.

miércoles, 13 de julio de 2016

Amé dieciocho veces pero recuerdo sólo tres

Para una vida de cuarenta años, pensándolo bien, no es mucho: no prueba ni inconstancia ni falta de seriedad amar dieciocho veces. Prueba sólo la imposibilidad de vivir sin amor.
El primer amor fue una pareja que me cuidaba, de modo que yo amaba cuatro ojos en vez de dos, dos bocas en vez de una, cuatro manos en vez de dos, cuatro brazos en vez de dos, cuarenta dedos en vez de veinte, dos cabelleras en vez de una, dos ombligos en vez de uno, dos narices en vez de una, dos lenguas en vez de una, de dientes no sabría decir el número, sabría de los órganos internos y externos y de otros detalles que forman parte del cuerpo humano, pero no entraré en tantos pormenores. Toda esta enumeración parece del todo vana, pero no lo es, si se piensa que cada par de ojos está expuesto a la conjuntivitis, al glaucoma, a la ceguera; cada hígado a la cirrosis o a la hepatitis, cada corazón al infarto o al paro cardíaco; sin contar los males menores que se demoran en las uñas o en las plantas de los pies, como los hongos; en la garganta, como las amígdalas, etc. Que dos personas se entiendan sin que algo ande mal, ya sea físico o psíquico, es muy difícil; que tres personas se entiendan es casi imposible, ya que una sola persona a gatas se entiende. Existen otros males que no mencioné, como la envidia, los celos, la desconfianza, el malentendido; todo esto pesa sobre la vida del amor más perfecto y capaz de sacrificio. En el fondo, ¿quién comprende a quién? Nadie lo sabe. Por eso la Trinidad es una de las más sublimes perfecciones de la religión católica.
Se llamaba Anaisidro a veces, otras veces Isidroana, según la hora en que lo frecuentaba, que era a todas horas. Para hacerme dormir, tocaba el piano a cuatro manos o cantaba a dos voces. El piano obraba como un hipnótico sobre mi organismo, por más que quisiera oír un poco más de lo que había oído, me vencía el sueño totalmente. El dúo ejercía un efecto distinto: me desvelaba, y el llanto que salía de mi garganta reclamaba una bebida inmediata y tibia, que no tardaba en llegar en una botella cuyo color era de piedra de luna.
Por más que digan que la piedra de luna trae mala suerte, a mí me enternece contemplarla porque me recuerda los misterios de la primera nutrición, cuando la garganta sabe que está tragando la vida, la energía, el futuro, el destino. A veces prefería a Isidroana, a veces a Anaisidro, todo dependía del género de la bata o de la vestimenta que llevaban, cuyo colorido cautivaba mi alma hasta hacerme gritar de goce o de terror. Dependía también de un sonajero que representaba el movimiento rítmico de una majada o de un jabón cuyo perfume rosado competía con el gusto de la naranjada o del durazno aplastado con un tenedor sobre un paisaje donde corría un río con cisnes plácidos que yo no sabía que eran cisnes, pero que presentía que estarían ligados a Leda en la mitología griega, con un cuello tan sensual que serviría de brazos, de humano acercamiento, acoplamiento más bien, en un calidoscopio en continuo movimiento. Jugaba conmigo. El juego era muy agradable, cuando no era demasiado violento. Cuatro manos pueden jugar a la pelota con un niño que parece de goma: y así lo hicieron. El júbilo es tan grande que no tiene límites. De aquel juego caí al suelo, muerto: así lo anunciaron los vecinos. Pero la muerte no quiso de mí aquel día. Se arrodilló. Me miró. Y, sin saludarme, se fue en busca de un muerto de frío más digno de sus atenciones.
El segundo amor fue casi una media persona. Para reanimarse, tenía que beber dos litros de leche al día. Le faltaba un brazo; en lugar de brazo tenía una paleta de yeso para escribir a máquina o un gancho para el ping-pong. Le faltaban las dos piernas; esta circunstancia hacía que pareciera una estatua, ya que el resto de su cuerpo era perfecto y lo movía con tanta gracia y aplomo que despertaba la envidia de hombres y mujeres que la contemplaban. Había que visitarla en el Instituto de Rehabilitación, con un permiso especial. Era muy difícil encontrarla, porque volaba por los corredores del Instituto en un cochecito de ruedas. Cuando la encontraba, después de muchas corridas, subidas y bajadas en el ascensor, llegaba girando la dicha prometida en las ruedas de su cochecito, pues me trepaba a sus exiguas faldas. “Servime de brazo.” Corríamos hacia el caramelero. Yo elegía el paquete de caramelos más llamativo. De su bolsillo, de acuerdo con sus indicaciones, yo sacaba la plata y pagaba como una persona importante; desenvolvía el caramelo elegido y, bajo sus órdenes, se lo ponía en la boca; luego ella, con sus ojos, elegía otro para mí, que yo desenvolvía para metérmelo en la boca. “Ahora corré”, me decía. “Mové las ruedas.” De un lado mi mano, del otro la de ella, hacía girar las ruedas del cochecito. Y después venía lo mejor. “Peiname”, me decía. “En mi bolsillo está el peine. Buscalo.” No lo encontraba. “Buscalo, buscalo”, insistía, sacudiendo su melena de león y, cuando yo lo encontraba, le desenredaba el pelo como una madeja de seda negra, para mí sola. Un aplauso me hacía creer que era una gran peluquera, pero el aplauso indicaba el fin de las horas de visita. El día en que me regaló su anillo fue el día de nuestro compromiso; ese día me demoré más tiempo mostrando el anillo a todo el mundo, y salí del edificio cuando el cielo rosado me obligó a comer un helado de frutillas. Se llamaba Rousa Longo.
El tercero era un enano. “Te quiero te quiero te quiero”, cantaba pasando junto a mí, fumando una pipa con un horrible olor a humo negro. Tenía los pies muy grandes. El pelo ensortijado le cubría un ojo azul. ¿Por qué lo amaba si tenía feo olor, además de ser muy malo? Nada justificaba nuestro cariño que, en aquella época, era muy mal visto. Treinta años mayor que yo, tenía nueve hijos y una mujer que había recogido en un terreno baldío, sin documentos de identidad. Es cierto que tocaba bien el violín y que conocía el nombre de todas las estrellas, pero nada justificaba esa fascinación que ejercía sobre mí cuando pasaba por las calles en un automóvil azul oscuro, con un perro amarillo, que ladraba continuamente a quien lo saludara.

Silvina Ocampo

jueves, 16 de junio de 2016

Voy viajando a la ciudad.

Voy viajando a la ciudad, voy viajando hacia ti.

Llevo los pies cansados de tanto subir al monte, llevo los pies cansados de no saber a dónde ir...

Voy viajando a casa, voy viajando hacia ti.
Sé que no me esperas y por eso tengo los pies cansados porque sé que no quieres ir al monte a caminar junto a mi...

Voy viajando a la ciudad, a tu ciudad.
Voy a esa ciudad en la que te gusta caminar, quiero caminar junto a ti por tu ciudad. Pero me duelen los pies.

Me duelen los pies de danzar en sueños ajenos, me duelen por pisar tierras de muertos, me duelen los pies por caminar en una tierra sin lluvia.

Me duelen los pies por eso no corro a buscarte.
Me duelen los pies, el alma, la lluvia, el monte, el corazón... me duelen porque sé que estás caminando por la ciudad del brazo de otra que nunca ha caminado por el monte.







jueves, 28 de abril de 2016

Duele la pregunta ¿De qué color forrabas los cuadernos de tu infancia?

¿Quién que te conoce de ahora sabe de qué color forrabas los cuadernos de tu infancia?  
Duele la pregunta porque parece tan trivial como los mismos recuerdos del sabor a dulce de los recreos en el colegio.
Duele la pregunta porque de pronto al recordar los recreos ya comenzamos a recordar el sabor a dulce de la infancia. 
Duele la pregunta porque ese cuaderno forrado de amarillo, rojo, morado o con el logo del colegio fue lo más importante de nuestras vidas cuando el sabor a dulce decoraba los recreos y no nos agobiaba el futuro.
Duele la pregunta porque ese cuaderno albergó las primeras letras, de ese entonces cuando nos enseñaron a escribir en cursiva o en letra tremendamente redonda , letra molde. 
Duele la pregunta porque en ese entonces ni tú ni yo teníamos claridad en diferenciar cuando escribir "nv" o "mp" y a veces poníamos una "s" donde iba una "c".
Duele la pregunta porque un día no puse acentos y la maestra del colegio arranco la hoja de mi cuaderno de cuadro grande, perfectamente forrado de azul con una etiqueta que llevaba mi nombre. Ese nombre que muchas veces prefieres olvidar.
Duele la pregunta porque ahora ya ni siquiera usas cuadernos, ni los forras, ni suena la campana del recreo, ni dices mi nombre.
Duele la pregunta porque sería un error garrafal confundir la "s" con la "c".
Duele la pregunta porque hemos olvidado los pequeños detalles de la vida, porque hemos olvidado cuando del brazo de nuestros padres elegiamos la caja de colores que llevaríamos a clases o las tardes que hicimos la tarea en la casa de los abuelos.
Duele la pregunta porque a veces la vida adulta no tiene tanto color.
Duele la pregunta porque ya no forramos de ningún color nuestros cuadernos, ni esperamos con ansias estrenarlos. Ni hacemos la tarea en la casa de los abuelos.
Efectivamente hemos olvidado el color del forro de nuestros cuadernos, las mujeres que te conocerán te verán escribir de hermenéutica o dialéctica pero no abrazaran el recuerdo de aquel niño que aprendió a escribir y a leer con el apoyo de un cuaderno con el logo del colegio y por eso duele la pregunta.
Duele porque no estoy segura de que quién te bese mañana te haga esa pregunta que un día de abril te hice ¿De qué color forrabas los cuadernos de tu infancia?

domingo, 6 de marzo de 2016

Con las mismas manos de acariciarte estoy construyendo una escuela.

Con las mismas manos de acariciarte estoy construyendo una escuela.
Llegué casi al amanecer, con las que pensé que serían ropas de trabajo,
Pero los hombres y los muchachos que, en sus harapos esperaban
Todavía me dijeron señor.
Están en un caserón a medio derruir,
Con unos cuantos catres y palos: allí pasan las noches
Ahora, en vez de dormir bajo los puentes o en los portales.
Uno sabe leer, y lo mandaron a buscar cuando
supieron que yo tenía biblioteca.
(Es alto, luminoso, y usa una barbita en el insolente rostro mulato.)
Pasé por el que será el comedor escolar, hoy sólo señalado por una zapata
Sobre la cual mi amigo traza con su dedo en el aire ventanales y puertas.
Atrás estaban las piedras, y un grupo de muchachos
Las trasladaban en veloces carretillas. Yo pedí una
Y me eché a aprender el trabajo elemental de los hombres elementales.
Luego tuve mi primera pala y tomé el agua silvestre de los trabajadores,
Y, fatigado, pensé en ti, en aquella vez
Que estuviste recogiendo una cosecha hasta que la vista se te nublaba
Como ahora a mí,
¡Qué lejos estábamos de las cosas verdaderas,
Amor, qué lejos -como uno de otro!
La conversación y el almuerzo
Fueron merecidos, y la amistad del pastor
Hasta hubo una pareja de enamorados
Que se ruborizaban cuando los señalábamos, riendo,
Fumando, después del café.
No hay momento
En que no piense en ti.
Hoy quizás más,
Y mientras ayude a construir esta escuela
Con las mismas manos de acariciarte.
Roberto Fernández Retamar



Tlanixco, 2015 
Preparatoria 291

domingo, 7 de febrero de 2016

Antes de ti yo ya corría por Avenida Reforma perseguida por ganaderos.
Antes de ti yo ya tomaba café sin azúcar y saboreaba malteadas de chocolate que sin pudor alguno se pegaba a mis caderas.
Antes de ti ya había hombres que querían pegarse a mis caderas.
Antes de ti yo ya escribía historias en las que no había personajes que se parecían a ti.
Antes de ti yo ya besaba labiodentalmente.
Antes de ti yo ya tenía ideales.
Antes de ti yo ya me perdía y me encontraba en el metro de la ciudad.
Antes de ti yo ya admiraba las jacarandas.
Antes de ti yo ya hablaba de utopía, antes de ti yo ya fundaba bibliotecas comunitarias.

Antes de ti yo ya fumaba, yo ya dejaba de fumar y volvía a fumar.
Antes de ti yo ya cantaba con mariachis.
Antes de ti yo ya tropezaba.
Antes de ti yo ya me desnudaba en las plazas públicas.
Antes de ti yo ya tenía voz.
Antes de ti  ya me daban flores.
Antes de ti  yo ya daba flores.

Antes de ti yo ya tenía una letras cursiva que a la mitad de una cuartilla se transformaba en letra aburrida molde  y de nuevo cursiva, así hasta el final de las hojas.
Antes de ti yo ya iba a museos y soñaba con París.
Antes de ti yo ya bailaba en la Habana.
Antes de ti yo ya tomaba mezcal en Oaxaca.
Antes de ti yo ya le temía a la lluvia. 

Antes de ti yo ya suspiraba.
Antes de ti yo ya escuchaba tangos y armaba tangos.
Antes de ti...
no te imaginaba.
no te soñaba.
no te 
no.

domingo, 31 de enero de 2016

Daba rabia, porque se habían querido
tanto y de tan distinto modo durante los
doscientos años que tenían de conocerse que
era una lástima separarse así, como si nada.
Angeles Mastretta

martes, 26 de enero de 2016

Ay cariño/ no soy un cliente / no tengo DNI/ siquiera
Caza de ilegales el Alicante / mujeres marroquíes perfumadas
¿gardenias?

Ay cariño/ no soy un buen partido/ no tengo abolengo
Nada. Como cruzar en lancha. El Río Negro / ¿lanchones? ¿perfumados?
flores

Ay cariño / no hay caso / soy incorregible / me gusta bailar la
salsa / la villera/ la roncarolera / mujeres grávidas atraviesan la
frontera

Ay cariño / no me asustes / no soy buen bailarín/ en verdad
Extraño los olores de provincia / carreteras de Tijuana / las guardias
fronterizas

Ay cariño / te irás de todos modos / de verdad no conozco Berlín
No tengo el pasaporte en regla / ay cariño / lamento
defraudarte

Ay cariño / no soy un cliente / me gusta bailar la / cumbia
Ni cliente ni demócrata ni / estadounidense / estoy
perdido

Ay cariño / ni demócrata ni social demócrata / cumbia
rocanrol sudaca / mujeres grávidas que / cruzan la
frontera

Ay cariño / yo cruzo con ellas / espero cartas / de poetas
actrices de reparto / que como yo no son buenas para el
baile

https://soundcloud.com/vtnt2/11-de-pereira-severo

Luis Pereira Severo
Estoy en el día de hoy como en un caballo
tú estás en tu ropa como en un barco
estamos en la ciudad como en un teatro en un bosque en el agua
la tarde del martes es una feria de barrio
nos encontramos casi por descuido
en la mesa del café con su mantel a cuadros
frente al cine continuo del mar
en el vagón de este mes septiembre sirena sinuosa
era caliente el día era el equívoco de las estaciones
era la música pequeña de la memoria
estoy en el día de hoy como en un abrigo demasiado ancho
estoy en el país de esta tarde estudié
en la escuela del enfado
tú doblas la tarde como las mangas
de tu camisa blanca
tú desdoblas la tarde como una servilleta
echada sobre el regazo
tú conoces los modales en materia de tardes
tú sabes usar
los cubiertos de la tarde
estoy incómoda en mi nombre estoy
en la antesala del amor estoy en la estación
de la espera quisiera distraer a la muerte
tú conoces muchas cosas tú sabes hablar
sobre las cosas como esos animales que conocen
desde siempre las rutas ancestrales
como los pájaros que traen impresos en el cuerpo
los mapas migratorios tú conoces la lengua del amor
que yo deletreo tan mal



Ana Martins Marques

sábado, 12 de diciembre de 2015

Usa mi llave cuando tengas frío,
cuando te deje el cierzo en la estacada,
hazle un corte de mangas al hastío,
ven a verme si estás desencontrada.
No tengo para darte más que huesos
por un tubo y un salmo estilo Apeles
y páginas anémicas de besos
y un cubo de basura con papeles.
Ni me siento culpable de tu lejos,
ni dejo de fruncir los entrecejos
que usurpan de tus ojos la alegría,
si quieres enemigos ya los tienes,
pero si socios buscas ¿cuándo vienes
a repartir conmigo la poesía?
Joaquín Sabina.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Ofelia

" Esta Ofelia no es la prisionera de su propia voluntad
ella sigue a su cuerpo
espléndido como un golpe de vino en medio de los hombres
su cuerpo estilo renacimiento lleno de sol de Italia pasa por buenos aires
Ofelia yo en tus pechos fundaría ciudades y ciudades de besos
hermosas libres con su sombra a repartir con los amantes mundiales
Ofelia por tus pechos pasa como un temblor de caballadas a medianoche por Florencia
tus pechos altos duros come il Palazzo Vecchio
una tarde de verano de 1957
iba yo rodeado de tus pechos sin saberlo
era igual la delicia la turbación el miedo
las sombras empezaban a andar por las callejas con un olor desconocido
algo como tus pechos después de haber amado
eras oscura Ofelia para entonces y enormemente triste
una adivinación una catástrofe
un oleaje de olvido después de la ternura
una especie de culpa sin castigo
de furia en paz con su gran guerra
andabas por Florencia con tus pechos yendo y viniendo por las sombras
con saudade de mí seguramente
tu hombro izquierdo digamos
lloraba a tus espaldas o largaba sus ansias lentas en el crepúsculo y ellas venían a mi sangre
o eran un temblor como un presagio
gracias te sean dadas ojos míos
yo les beso las manos bésoles muy los pies
gracias narices muchas gracias oídos con que escucho los ruidos
        de la Ofelia
antes apenas era una ciudad de Italia
sus tiros me llenaban de otra desgracia el corazón. 
"


Juan Gelman

martes, 17 de noviembre de 2015

Carta de Frida a Diego.

"Ahora que hubiera dado la vida por ayudarte, resulta que son otras las 'salvadoras'... Pagaré lo que debo con pintura, y después aunque trague yo caca, haré exactamente lo que me dé la gana y a la hora que quiera... Lo único que te pido es que no me engañes en nada, ya no hay razón, escríbeme cada vez que puedas, procura no trabajar demasiado ahora que comiences el fresco, cuídate muchísimo tus ojitos, no vivas solito para que haya alguien que te cuide, y hagas lo que hagas, pase lo que pase, siempre te adorará tu Frida".