sábado, 17 de septiembre de 2011

Ya estuvo bueno ¿no?

Sin conocer a ciencia cierta el significado de la palabra amor, puedo decir con toda la seguridad de quien en una tarde de septiembre se refugia en su casa a comer mandarinas que ya fue mucho.

Basta.

¡Ya!

Ya fue mucha pena de amor, para ni siquiera saber su significado.

Es como extrañar el país que no conozco, o necesitar un tercer ojo que nuca tuve.

¡Basta!
Acuérdate de mi cuando el OTOÑO.

Espejo.

¿Alguien noto que esta hora es color azul, azul prusia?
¿Alguien puede visliumbrar la melancolia?

Es cierto, las fechas patrias tienen el aire oliendo a polvora quemada, pero ante todo huele a una bocanada de tristeza y de amplia meláncolía.

Huele a viento, viento que se va. 
y en la punta de la lengua, tengo tu nombre, el que ya no quiero pronunciar.

Si, es la hora prusia, 
son fechas patrias, tristes fechas patrias 
y huele a meláncolia.

La hora sabe a la des-dicha de conocer a tu peor enemigo:
El espejo.


jueves, 15 de septiembre de 2011

Cuando una mujer decide ser honesta.


Acto 1. Cuando una mujer decide ser honesta.

Ella es coqueta pero también altanera mientras lo mira fijamente y dice:

Te digo que quiero que no me mires.
Te digo que soy mala.

Te digo que nunca he sido clara.
Te digo que soy hierba mala.

¡Que me escuches! Escucha lo que te digo:  
Soy fuego sobre la leña.
Soy contaminación atmosférica.

Te digo, soy clandestina,
ribonucleica, soy helio que eleva.

Soy virus, soy privatización y nacionalización.
No hay medias tintas.

Soy una reverenda cabrona,
Soy la duda.
Soy un disco rayado,

que no soy tu pasión.

Soy como el noticiero vespertino repleto de malas y buenas noticias.
¡Te pido que me dejes!

Te digo, quiero que me escuches.

Ansiosa egolatría, vehemente locura, desdicha y cuánta dicha.

Soy el bache en la calle en que te gusta caminar.
Soy la piedra en tu zapato.

Te digo que me dejes, porque ante todo te estoy mintiendo.


¿Quién te dijo que un arete era solamente un arete?

Un arete que se perdió mientras dos amantes amorosos se besaban. 

Una tarde soleada.
Un árbol y debajo del árbol ellos, besándose, en el instante (que no se repetirá.)

Él se fue, o quizá se fue ella. Quizá se fueron los dos.

Entre abrazos, susurros y suspiros el arete de ella que él le regalo se quedo tirado en un parque, al que nunca le faltaran amantes ávidos de tiempo.

El arete colorido se quedo: 
solo
perdido
impar, debajo del árbol donde sin prejuicio alguno ellos: los que se quisieron, platicaban y reían.

¿Qué se sentirá ser arete?

Se quedo solo impar mientras en la oreja derecha de ella iba un solitario arete... y el otro se quedaba varado en el pasto verde, rodeado de pequeños bichos, de tierra, pasando intempesatades en la noche.

Cuando ella llego a su casa y se dio cuenta que perdió su arte, supo que no perdía solo un objeto material, un fetiche, ella supo que estaba separando por su descuido a una pareja, a un tal para cual.
No quiso llorar, abrió su alhajero de mil colores, y guardo al solitario, al triste arete que sobrevivió a los besos de marzo.

Mientras tanto. El arete izquierdo pensaba.

<<Es digno estar aquí, haber sido el obsequio de un tiempo, ser más que un objeto, ser la evidencia, el amor mismo. Sé que extrañare a mi par, quizá nos volvamos a ver, quizá en su cálido alhajero me piense, me extrañe, quizá ella me recuerde siempre, quizá ser un arete es un verdadero placer...>>

Al paso de los días ellos, los amantes amorosos. También se perdieron.

Él se quedo debajo del árbol
Ella en su alhajero.

Ellos se quedaron como los aretes.

¡Ay esos aretes que él le regalo en marzo!
¡Ay esos aretes que ella perdió en marzo!

 Qué el quizá no recuerda, que ella recuerda.

Dignos aretes coloridos.



Perdidos, uno sin el otro. Hablo de los aretes y también de ellos, los que ya no se besan ni en el árbol, ni en la calle.

Im-pares. Los dos duetos. Los aretes que él le regalo en un marzo. Y el arete que no sabemos dónde quedo.

Mientras el arete de la oreja derecha espera volver a ser usado.

Mientras ella espera volver a ser besada.

Quizá como él.

El arete, él muchacho.



lunes, 5 de septiembre de 2011

Hora morada

¿Qué azul me queda?
¿En qué oro y en qué rosa me detengo,
qué dicha se hace miel entre mi boca
o qué río me canta frente al pecho?

Es la hora de la hiel, la hora morada
en que el pasado, como un fruto acedo,
sólo me da su raso deslucido
y una confusa sensación de miedo.

Se me acerca la tierra del descanso
final, bajo los árboles erectos,
los cipreses aquellos que he cantado
y veo ahora en guardia de los muertos.

Amé, ay Dios, amé a hombres y bestias
y sólo tengo la lealtad del perro
que aún vigila a mi lado mis insomnios
con sus ojos tan dulces y tan buenos.



Juana de Ibarbourou

miércoles, 31 de agosto de 2011

"Él, que a veces me quiso"

L(o) dessé de inmediato. Ahí estaba el característico golpe en el bajo vientre por si me atrevía a dudarlo. Ahí estaba, también y sobre todo, la imaginación. L(o) imaginé comiendo zarzamoras -los labios carnosos- y las yemas de los dedos pintados de guinda. L(o) imaginé subiendo la escalera lentamente , volviendo a penas la cabeza para ver su propia sombra. L(o) imaginé mirando el mar a través de los ventanales, absort(o), solitari(o) como un asta. Lo imaginé recargad(o) sobre los codos en el espacio derecho de mi cama. Imaginé sus palabras, sus silencios, su manera de fruncir la boca, sus sonrisas, sus carcajadas...

Sin saberlo, imaginando ya sabía todo de él, él que a veces me quiso.