Simple rincón donde se expresan sentimientos, emociones a través de palabras enredadas. Rincosito de poesía y utopías.
miércoles, 5 de julio de 2017
Debo renunciar.
domingo, 9 de abril de 2017
Lección de dibujo
Mi hijo coloca frente a mí su caja de pintura
y me pide que le dibuje un pájaro.
Sumerjo el pincel en color gris
y dibujo un cuadrado con cerraduras y barrotes.
El asombro llena sus ojos:
"...Pero ésta es una prisión, padre,
¿no sabes cómo dibujar un pájaro?"
Y yo le digo: "Hijo, perdóname.
He olvidado la forma de los pájaros".
Mi hijo coloca frente a mí su cuaderno de dibujo
y me pide que le dibuje una espiga de trigo.
Sostengo la pluma
y dibujo una pistola.
Mi hijo se burla de mi ignorancia
y exclama:
"¿Acaso no conoces, padre, la diferencia entre
una espiga de trigo y una pistola?"
Yo le digo: "Hijo,
solía conocer las formas de las espigas de trigo,
la forma de la hogaza,
la forma de la rosa,
pero en estos duros tiempos
los árboles del bosque se han unido
a la milicia
y la rosa padece obtusas fatigas
en este tiempo de espigas armadas,
de pájaros armados,
de cultura armada
y religión armada,
no puedes comprar una hogaza de pan
sin encontrar una pistola dentro,
no puedes coger una rosa en el campo
sin que te clave sus espinas en el rostro,
no puedes comprar un libro
que no explote en tus manos".
Mi hijo se sienta al borde de mi cama
y me pide que le recite un poema,
una lágrima cae de mis ojos a la almohada.
Mi hijo la prueba, asombrado, diciendo:
"¡Pero ésta es una lágrima, padre, no un poema!"
Y yo le digo:
"Cuando crezcas, hijo mío,
y leas el diván de poesía árabe,
descubrirás que la palabra y la lágrima son hermanas
y el poema árabe
no es más que una lágrima llorada por los dedos que escriben".
Mi hijo pone sus plumas, su caja de crayones frente a mí
y me pide que le dibuje una patria.
El pincel tiembla en mi mano
y me sumo en llanto.
نزار قباني
viernes, 30 de diciembre de 2016
Enero
viernes, 2 de diciembre de 2016
Aún una firme promesa
miércoles, 13 de julio de 2016
Amé dieciocho veces pero recuerdo sólo tres
jueves, 16 de junio de 2016
Voy viajando a la ciudad.
Llevo los pies cansados de tanto subir al monte, llevo los pies cansados de no saber a dónde ir...
Sé que no me esperas y por eso tengo los pies cansados porque sé que no quieres ir al monte a caminar junto a mi...
jueves, 28 de abril de 2016
Duele la pregunta ¿De qué color forrabas los cuadernos de tu infancia?
Duele la pregunta porque parece tan trivial como los mismos recuerdos del sabor a dulce de los recreos en el colegio.
Duele la pregunta porque de pronto al recordar los recreos ya comenzamos a recordar el sabor a dulce de la infancia.
Duele la pregunta porque ese cuaderno forrado de amarillo, rojo, morado o con el logo del colegio fue lo más importante de nuestras vidas cuando el sabor a dulce decoraba los recreos y no nos agobiaba el futuro.
Duele la pregunta porque ese cuaderno albergó las primeras letras, de ese entonces cuando nos enseñaron a escribir en cursiva o en letra tremendamente redonda , letra molde.
Duele la pregunta porque en ese entonces ni tú ni yo teníamos claridad en diferenciar cuando escribir "nv" o "mp" y a veces poníamos una "s" donde iba una "c".
Duele la pregunta porque un día no puse acentos y la maestra del colegio arranco la hoja de mi cuaderno de cuadro grande, perfectamente forrado de azul con una etiqueta que llevaba mi nombre. Ese nombre que muchas veces prefieres olvidar.
Duele la pregunta porque ahora ya ni siquiera usas cuadernos, ni los forras, ni suena la campana del recreo, ni dices mi nombre.
Duele la pregunta porque sería un error garrafal confundir la "s" con la "c".
Duele la pregunta porque hemos olvidado los pequeños detalles de la vida, porque hemos olvidado cuando del brazo de nuestros padres elegiamos la caja de colores que llevaríamos a clases o las tardes que hicimos la tarea en la casa de los abuelos.
Duele la pregunta porque a veces la vida adulta no tiene tanto color.
Duele la pregunta porque ya no forramos de ningún color nuestros cuadernos, ni esperamos con ansias estrenarlos. Ni hacemos la tarea en la casa de los abuelos.
Efectivamente hemos olvidado el color del forro de nuestros cuadernos, las mujeres que te conocerán te verán escribir de hermenéutica o dialéctica pero no abrazaran el recuerdo de aquel niño que aprendió a escribir y a leer con el apoyo de un cuaderno con el logo del colegio y por eso duele la pregunta.
Duele porque no estoy segura de que quién te bese mañana te haga esa pregunta que un día de abril te hice ¿De qué color forrabas los cuadernos de tu infancia?