jueves, 6 de octubre de 2011

Vamos a sumergirnos en la ondas de colores. Vamos a perdernos en un bosque de árboles azules.



"Noche estrellada"


"Últimamente veo las noches estrelladas."

Me sorpende realmente la sensabilidad y exactitud que tuvo Vicent Van Gogh para interpretar a los astros.

Representó a la Luna, Venus y las estrellas de forma inigualable. 
Fue mejor el amor platónico.
Al cruzar la línea entre lo real y la fantasía de rompio, ese amor que tuve se quebro.

Fue mejor ese amor aristotelico.
Medido con la exactitud de su filosofía griega.

Fue mejor ese amor newtoniano.
Sin teorías, regido por una Vera causa.
Oc
tu
Br
E
Mi mamá dice muy sabiamente.
"A quien quieres no te quiere y con quien no hasta te empujas..."

[Mi mamá siempre tiene la razón]

martes, 4 de octubre de 2011

En la Ciudad de México el día de ayer se llevo acabo la inauguración de uno de los multiples eventos que forman parte del "Festival de Artes Electrónicas y Video Transitio"

Debo decir que el evento me dejo con un buen sabor de boca, y no me refiero al buen vino. Me refiero a la magía que representa el hecho de saber que en algún lugar de la ciudad en lunes se esté presentando un evento cultural y artístico.

Una de las cosas que más me llamo la atención y que vale la pena resaltar fue una frase que forma parte de una exposición gráfica y auditiva.

La interpretación es un acto meramente personal, las letras la interpretamos del modo que las queremos escuchar, los colores los vemos del tinte que queremos verlos, incluso el amor tiene síntomas muy diferentes entre las personas.

Justamente la exposición no regalo varias frases que aunque ocupaban las mismas palabras decían mensajes muy diferentes....

Los artistas implicados nos comentaron que todo es cuestión de tintes y matices y cerraron con una frase realmente contundente que el día de hoy les comparto también a ustedes.

"El lenguaje no alcanza para describir el pensamiento"

lunes, 3 de octubre de 2011

Lunes o martes

Perezosa e indiferente, sacudiendo con facilidad el espacio de sus alas, conocedora de su camino, pasa la garza sobre la iglesia, bajo el cielo. Blanco e indiferente, ensimismado, el cielo cubre y descubre sin cesar, se va y se queda. ¿Un lago? ¡Quítale las orillas! ¿Una montaña? Sí, perfecto, con el oro del sol en las laderas. Cae desde lo alto. Helechos o plumas blancas, siempre, siempre...
Deseando la verdad, esperándola, destilando laboriosamente unas pocas palabras, deseando siempre (se inicia un grito a la izquierda, otro a la derecha; ruedas golpean divergentes; omnibuses se conglomeran en conflicto), deseando siempre (el reloj asevera con doce claras campanadas que es mediodía; la luz vierte escamas de oro; niños se arremolinan), deseando siempre verdad. Roja es la cúpula; de los árboles cuelgan monedas; el humo sale lento de las chimeneas; ladrido, alarido, grito. «Compro metal»... ¿Y la verdad?
Como rayos orientados hacia un punto, pies de hombres, pies de mujeres, negros o con incrustaciones doradas (Esa niebla... ¿Azúcar? No, gracias... La commonwealth del futuro), la luz del fuego salta y deja roja la estancia, salvo las negras figuras y sus ojos brillantes, mientras descargan una camioneta fuera, la señorita Thingummy sorbe té en su mesa escritorio, y las vitrinas protegen abrigos de pieles.
Cacareada, leve cual hoja, rizada en los bordes, pasada por las ruedas, plateada, en casa o fuera de casa, reunida, esparcida, derrochada en diferentes platillos de la balanza, barrida, sumergida, desgarrada, hundida, ensamblada... ¿Y la verdad?
Recordar ahora junto al fuego del hogar la blanca plaza de mármol. De las profundidades de marfil se alzan palabras que vierten su negrura, florecen y penetran. El libro caído; en la llama, en el humo, en las perecederas chispas; o ya viajando, la bandera en la plaza de mármol, minaretes debajo y mares de la India, mientras los espacios azules corren y las estrellas brillan... ¿la verdad?, o bien, ¿satisfacción con su proximidad?
Perezosa e indiferente la garza regresa; el cielo cubre con un velo sus estrellas; las borra luego.
FIN

Virginia Woolf